El secretario de Justicia, Jeff Sessions, aseveró que se trata del “fraude médico más grande jamás elucubrado en la historia estadounidense” y denunció que los médicos, enfermeros y farmaceutas implicados “decidieron violar su juramento profesional, y poner su lucro personal por encima de la salud de sus pacientes”.
Entre los procesados están seis médicos de Michigan, acusados de tramar la venta de opioides innecesarios. Un centro de rehabilitación en Florida está acusado de atraer a drogadictos dándoles cupones para regalos e invitándoles a clubes de striptease, y de haberse enriquecido con 58 millones de dólares en base a tratamientos y pruebas innecesarios.

 

Entre los acusados hay 120 personas involucradas en prescribir y distribuir narcóticos, dijeron las autoridades.
“Eran totalmente indiferentes a las desastrosas consecuencias de sus acciones. Con esa conducta, no sólo se enriquecieron a costa de los contribuyentes sino que generaron y perpetuaron adicciones”, dijo Sessions.
Añadió que unos 300 profesionales de la salud están siendo suspendidos o excluidos de programas federales de atención médica.
El Departamento de Justicia informó que los procesados estaban facturando ilegalmente al Medicare, al Medicaid, y al programa que da cobertura médica a los militares y a sus familiares. Se les acusa, entre otras cosas, de cobrar compensación por medicamentos que no eran necesarios y que nunca fueron adquiridos ni cedidos a los pacientes.

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